Yo soy Cataluña
Dos argumentos están utilizando los del PSOE en lo relativo a la financiación autonómica. Dos, porque sus acólitos no necesitan más, y además de una simpleza abrumadora, porque sus acólitos tampoco piden más.
El primero. El PP critica el modelo de financiación pero sin embargo acepta el dinero que le dan. Faltaría más. ¿Está incitando el PSOE a la desobediencia civil? Uno puede criticar muchísimo una ley pero una vez que se aprueba, aunque le siga disgustando, tiene que cumplirla. Uno puede oponerse a que le suban los impuestos pero aún así tendrá que seguir pagándolos... y uno puede pensar, es absolutamente compatible, que el nuevo modelo de financiación es insolidario hasta decir basta, que desprecia y ningunea a algunas regiones y sin embargo aceptar la calderilla que le dan por poca que sea.
El segundo. Catalanofobia. Este argumento es más antiguo que andar para adelante pero es que ahora el sospechoso Chaves se saca uno nuevo: andalucifobia. Anda!! Este no lo habíamos oído y realmente no se sí el vice tercero los enlaza y relaciona entre ellos: catalanofobia en Andalucía y andalucifobia en Cataluña, que sería bastante creible. Podríamos responderle al lumbreras con una sartas de fobias que achacarle a él y a los de su tribu: hispanofobia, madrileñofobia, castillafobia, valenciafobia... y tantísimas filias relacionadas con la desigualdad, el oscurantismo, el mangoneo... Pero en vez de hacerlo lo más sensato sería contarle que nadie tiene nada contra Cataluña. Nadie tiene nada contra un trozo de tierra, contra una lengua, contra la arena de la playa de Salou, contra el Tibidabo ni contra esa señora que madruga para trabajar como cualquier otro y que, casualidades de la vida, nació en una región llamada Cataluña. Las fobias, que haberlas haylas, muchas y justificadas, son contra esos millonarios politicuchos que exigen un trato de favor, unos privilegios de casta, que son absolutamente incapaces de gobernar y que viven de la construcción de problemas artificiales, del enfrentamiento y la constante insatisfacción, lloriqueando y amparándose en sus enormes complejos personales. Y la mayor de las fobias es que esos politicuchos de tercera regional, al sentirse blanco de la crítica legitima, se envuelven con la tierra, con la lengua, con la arena de la playa de Salou, con el Tibidabo y con la señora que madruga, utilizando como escudo una bandera, fíjese usted como la aman, y proclamando que ellos ya no son políticos, ni siquiera mortales, ellos son Cataluña. Denigrante transmutación.
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