jueves 16 de julio de 2009

Yo soy Cataluña

Dos argumentos están utilizando los del PSOE en lo relativo a la financiación autonómica. Dos, porque sus acólitos no necesitan más, y además de una simpleza abrumadora, porque sus acólitos tampoco piden más.
El primero. El PP critica el modelo de financiación pero sin embargo acepta el dinero que le dan. Faltaría más. ¿Está incitando el PSOE a la desobediencia civil? Uno puede criticar muchísimo una ley pero una vez que se aprueba, aunque le siga disgustando, tiene que cumplirla. Uno puede oponerse a que le suban los impuestos pero aún así tendrá que seguir pagándolos... y uno puede pensar, es absolutamente compatible, que el nuevo modelo de financiación es insolidario hasta decir basta, que desprecia y ningunea a algunas regiones y sin embargo aceptar la calderilla que le dan por poca que sea.
El segundo. Catalanofobia. Este argumento es más antiguo que andar para adelante pero es que ahora el sospechoso Chaves se saca uno nuevo: andalucifobia. Anda!! Este no lo habíamos oído y realmente no se sí el vice tercero los enlaza y relaciona entre ellos: catalanofobia en Andalucía y andalucifobia en Cataluña, que sería bastante creible. Podríamos responderle al lumbreras con una sartas de fobias que achacarle a él y a los de su tribu: hispanofobia, madrileñofobia, castillafobia, valenciafobia... y tantísimas filias relacionadas con la desigualdad, el oscurantismo, el mangoneo... Pero en vez de hacerlo lo más sensato sería contarle que nadie tiene nada contra Cataluña. Nadie tiene nada contra un trozo de tierra, contra una lengua, contra la arena de la playa de Salou, contra el Tibidabo ni contra esa señora que madruga para trabajar como cualquier otro y que, casualidades de la vida, nació en una región llamada Cataluña. Las fobias, que haberlas haylas, muchas y justificadas, son contra esos millonarios politicuchos que exigen un trato de favor, unos privilegios de casta, que son absolutamente incapaces de gobernar y que viven de la construcción de problemas artificiales, del enfrentamiento y la constante insatisfacción, lloriqueando y amparándose en sus enormes complejos personales. Y la mayor de las fobias es que esos politicuchos de tercera regional, al sentirse blanco de la crítica legitima, se envuelven con la tierra, con la lengua, con la arena de la playa de Salou, con el Tibidabo y con la señora que madruga, utilizando como escudo una bandera, fíjese usted como la aman, y proclamando que ellos ya no son políticos, ni siquiera mortales, ellos son Cataluña. Denigrante transmutación.

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miércoles 15 de julio de 2009

¿Generación que?

Ultimamente nos han llamado de todo. Generación Cero, Generación Tapón y Generación Decepcionada. A quienes no hemos llegado a los treinta y rondamos los venticinco nos llueven los puñales y los calificativos depresivos. Hace unos meses mantuve una conversación con un tipo bien entrado en la treintena que, con varias cervezas de más, clamaba contra esta generación de playstation, calificó él. Lejos de ser una excepción, yo era muy consciente que los tópicos que me lanzaba como flechas están bien extendidos y asentados. Para los de treintay... nosotros somos la generación del todo regalado, del todo a 100, los niños de papá que no se han tenido que esforzar por nada, que exigen facilidades y recibirlo todo hecho. Nos nos esforzamos, no nos involucramos, no nos comprometemos, no tenemos preocupaciones ni aspiraciones y nuestras metas vienen predeterminadas por el grado de facilidad para conquistarlas, dicen. En cambio, no hacemos más que pedir e invertir en ocio y diversión. Hasta cierto punto, esta Sodoma y Gomorra que pintan algunos, tampoco todos los treintañeros nos tienen tirria, puede tener algo de verdad pero, partiendo de la base de que toda generación critica a la inmediata sucesora, convendría que estos maduros enojados comparasen, ya que comparan, de la "a" a la "z", comparasen su actual nivel de vida y el esfuerzo invertido para lograrlo con el esfuerzo mayor que hicieron sus predecesores para, sin embargo, quedarse unos escalones por debajo.
Por otra parte, es cierto que los veinteañeros de hoy hemos crecido en una sociedad de consumo en la que las necesidades básicas se dan por cubiertas y solo queda entregarse al lujo y disfrutar de la prosperidad que nosotros vivimos, pero ello ni es incompatible ni es contradictorio con el esfuerzo. Somos la generación mejor preparada de la historia de España y, en términos globales, la generación más competente. Esto, no nos podemos atrever a obviarlo, es gracias fundamentalmente al esfuerzo realizado por nuestros padres, que no están en la treintena precisamente sino rondando los cuarenta y cincuenta años. Pero el estudiar una carrera, un master o un doctorado ha sido también una decisión nuestra aún sabiendo que lo más probable es que después de haber invertido más de un lustro en formación superior, a pesar de los numerosos y costosos cursos adicionales, a pesar de los idiomas que hablemos, nuestro destino es servir cafés hasta por dos años... acercándonos pues a esa treintena que para los veinteañeros de ayer suponía una edad en la que ya se contaba con cierta experiencia profesional. Y no hablo solo del eterno becario condenado a hacer fotocopias a pesar de tener una formación muy superior a la de quien le saca diez años, sino incluso, en las actuales circunstancias, a la cola de paro. En ese contexto nos compensa incluso más trabajar gratis o incluso pagando nosotros antes que perder meses en el pozo del desempleo donde se hunden más de medio millón de recién licenciados. Y qué decir de la competencia... cuando los postuniversitarios de hoy no solo nos damos codazos dentro de esta España donde levantas una piedra y te salen cinco licenciados sino con los universitarios de Europa y de todo el globo... Nos hemos vuelto expertos en la búsqueda de todo tipo de becas y ayudas porque las empresas, si te pagan, te dan como mucho 1000 euros con los que nuestros colegas treintañeros suponen que puedes vivir como un adulto pleno fuera del nido familiar. Y a pesar de todo esto, algunos que no estuvieron sometidos a una eterna formación, a unas eternas prácticas no remuneradas y a una extraordinaria y agresiva competencia que les amenazase con mandarlos al paro nos recriminan que pidamos ciertas facilidades. Pero resulta que esta Generación Cero, Tapón, Decepcionada, Playstation que salimos ahora de las universidades nos encontramos con un panorama desolador que nosotros no hemos pintado y que es responsabilidad, precisamente, de quienes gestionaron el paisaje antes de que nosotros entráramos en escena.
En definitiva, la nuestra es una Generación que por fortuna ha podido disfrutar los beneficios del esfuerzo de nuestros padres pero a diferencia de la precedente, que también disfruto lo suyo..., nosotros no tenemos garantizado que saldremos de casa para disfrutar de un nivel de vida más alto que el que dejamos detrás. Somos la generación de la Playstation pero somos también la generación de la globalización, del excedente de titulados, de la movilidad y de la competencia internacional... somos la generación mejor formada y sin embargo nos llaman la Generación Cero.

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