Hace diez años el PSOE sufría una traumática travesía por el desierto. Traumática no tanto por su duración, tan solo llevaban tres años fuera del poder, sino por el hecho de verse en la oposición tras 14 años de Gobierno y huérfanos del hiperliderazgo de González. Tan solo 15 escaños les separaban del PP y ninguna encuesta era capaz de dibujar la mayoría absoluta que lograría Aznar en el año 2000. El trauma por lo tanto era psicológico en un partido que, como todos los grandes partidos, están hechos para gobernar y se pudren en la oposición, con el añadido de que el PSOE estaba demasiado acostumbrado al poder y había amamantado a generaciones de políticos que no conocían la oposición.
Ahora sí, la derrota del 2000 fue un verdadero mazazo para el PSOE. Los socialistas solo lograron ganar en seis provincias y por delante se dibujaban como poco ocho años más de banquillo. Pero un año antes algo había ocurrido en las Islas Baleares.
Marginados del poder desde las primeras elecciones, los socialistas baleares se marchitaban en una oposición crónica sabiendo que mientras más tiempo se pase fuera del poder, más trabajo costaría ocuparlo. En 1.999 el Partido Popular se quedó a un escaño de la mayoría absoluta y esa fue la oportunidad de oro de los eternos aspirantes. En tropel, aquellos quienes por imperativo democrático se habían visto marginados del poder, se unieron con el único objetivo de tomarlo. Ahí estaban el PSOE, IU, PSM y Los Verdes. Los socialistas baleares ocupaban la poltrona y regalaban a Ferraz un gobierno más. El programa era lo de menos, el reparto de despachos lo de más. Nacía el primer Pacto de Progreso.
El socialista Leguina señala como quid de la cuestión el imaginario del nuevo socialismo que considera al PP heredero del franquismo y por lo tanto se une a quien sea con tal de vencer a los fachas. Yo discrepo. Creo que esa es la excusa, esa es una justificación cuyo fin es proporcionar una explicación a quienes desde dentro del socialismo no entenderían la cohabitación con los independentistas. El principal objetivo es ocupar el poder, simple y llanamente. No hay un trasfondo ideológico, no hay un programa político. Se declara al PP ilegítimo para mantener el poder en manos socialistas, pero ese recurso al franquismo no se lo tragan ni los ideólogos de ese nuevo socialismo.
En el año 2000 el PP arrasa con una mayoría absoluta y el PSOE se hunde. En junio de ese año, José Luis Rodríguez Zapatero, a pesar del impacto moral y político de la derrota de marzo, gana el congreso Federal del PSOE con un discurso basado en el 'no estamos tan mal'. Sin duda alguna ese optimismo patológico ilusionó a los compromisarios pero no debemos olvidar que por encima de todo ello sobrevolaba el pánico de los socialistas catalanes a una victoria de José Bono. Con los votos del PSC Zapatero ganó el Congreso y suscribiría una deuda que aún hoy está pagando.
Así, en 2003 el modelo de pacto nacido en las Islas Baleares, se reeditaría en versión catalana y dos años después tendría una versión gallega. Lo que movió a los socialistas a pactar con el nacionalismo fue simple y llanamente la hambruna de poder, el miedo a perecer por inanición. En la cohabitación siempre salían ganando las tesis nacionalistas, el PSOE se dejaba arrastrar hacia el nacionalismo adoptando argumentos, haciendo propios determinados discursos que no existen en ningún partido socialdemócrata europeo y el castellano era siempre la primera víctima.
Esta estrategia que bien podría haberse quedado en un exotismo balear, fue potenciada e impulsada por un Zapatero apodado Bambi y considerado blandito que necesitaba hacer méritos, devolver favores y sumar gobiernos a la cuenta del PSOE si quería llegar a 2004 como líder. Esta ha sido la principal seña y característica del zapaterismo, este será su legado: la transformación del PSOE en un partido nacionalista y la desestructuración de España a sus manos. Lo que empezó en 1999 como el movimiento de quienes nunca habían gobernado, se convirtió en la columna vertebral de la estrategia del PSOE y en el motor de su actividad ya fuese de partido ya fuese de gobierno. 2009 es la fecha que marca el final de un proyecto perverso que nace en Baleares y muere en Galicia.