Las últimas horas han supuesto un bombardeo casi contínuo de noticias y 'ultimas horas' en las Islas Baleares, con el run-run del adelanto electoral como musiquilla de fondo en todas las crónicas. La legislatura está ciertamente acabada, lleva muerta desde hace meses, pero el empeño de Antich en mantener la respiración asistida mientras el cadaver se pudre está corrompiendo la atmósfera de las islas asfixiando a una ciudadanía cada vez más alejada de la política.
Hace unos días una encuesta prometía la mayoría absoluta al Partido Popular en las islas. Con una abstención del 50% el PP recuperaba ese escaño que le falta para tocar la gloria. Los efectos del augurio han sido fulminantes. Si hace una semana los populares rechazaban incluso mentar el adelanto electoral y se inclinaban por la fórmula de que la izquierda cediese el gobierno al partido más votado, hoy mismo Bauzá, el presidente interino, afirmaba que el PP está preparado para un supuesto adelanto electoral. Error de novato creer que con un margen de error de +/- 3% y un escaño tan decisivo como bailarín están más preparados que hace siete días.
Baleares necesita urgentemente una catarsis, un apocalipsis político en forma de acto democrático que renueve de arriba a abajo a todos los partidos y elimine del panorama a las viejas glorias bajo eterna sospecha de todo tipo, moral, ideológica y criminal. Que no nos vendan el cuento chino de combinar renovación con experiencia, porque a veces es mejor un cándido novato que un experimentado chapuzas.
Que la abstención alcance el 50% es posible, que el PP vuelva al gobierno no lo es tanto, a pesar de los pesares.