domingo 31 de enero de 2010
Just Enmig
sábado 30 de enero de 2010
Integración Vs. Aparato
viernes 29 de enero de 2010
Pizarro se marcha

Ocho años

lunes 25 de enero de 2010
Zapatero va, Zapatero viene
Comprar, expropiar y reconstruir

sábado 23 de enero de 2010
Ante el 6M: la organización

viernes 22 de enero de 2010
Cuando España se llama Vic

jueves 21 de enero de 2010
6 de marzo ¡Congreso!
miércoles 20 de enero de 2010
Libertad ¿aún?
martes 19 de enero de 2010
Olav no tiene libertad
lunes 18 de enero de 2010
El verso suelto detrás de la cortina

Las prioridades de IU
domingo 17 de enero de 2010
Los 7

sábado 16 de enero de 2010
Presente y Futuro

viernes 15 de enero de 2010
El 'dedo de Rajoy'
El Partido Popular es, con diferencia, el partido más importante de Baleares, el más votado, el que más afiliados puede exhibir y el que, cuando ha perdido el poder, lo ha sido siempre por la mínima y siempre por la misma causa: la desafección de un grupo de votantes naturales del PP en número suficiente como para provocar la derrota electoral. Ha ocurrido en dos ocasiones y puede ocurrir en las próximas y en todas las que se tercien si el PP balear no se enfrenta a sus demonios familiares y a una crisis larvada que viene de lejos y a la que, sorprendente e irresponsablemente, se han negado a analizar y admitir.
Es con este panorama que el PP nacional va a celebrar estos días una convención en Palma. No era precisamente el mejor momento y lugar por dos razones: porque inevitablemente esta Convención está siendo interpretada como un intento de apoyar explícita o sibilinamente a una facción del partido balear y porque el PP balear está viviendo, aquí y ahora, la peor de sus crisis en lo que lleva de existencia. Que aparezca, en cualquiera de sus versiones –brutal o sibilina– el dedo de Rajoy para abortar todo el proceso renovador o para decantar de forma irresponsable la balanza en uno u otro sentido, constituiría una desgracia probablemente irreparable por toda una serie de circunstancias que da la impresión son incapaces de comprender o calibrar en su auténtica dimensión en la calle Génova.
La crisis que vive el PP balear es triple: de corrupción, de liderazgo y de principios y valores. El hecho de que estén incursos en varios procesos penales buena parte de los que han sido y, en algunos casos, siguen siendo, miembros de la nomenklatura del partido, resulta desmoralizante, para la ciudadanía en general y para los votantes del PP en particular que temen que la corrupción sea estructural en este partido, forme parte de su naturaleza y condición. Conviene recordar que los dos presidentes autonómicos que ha tenido el PP –exclusión hecha del presidente fugaz y anecdótico Tòfol Soler– han salido malparados del poder. Cañellas tuvo que dejar el cargo por delitos, prescritos, pero cometidos y Matas está en el epicentro de esta orgía imputacional que está viviendo Baleares. Ni que decir tiene que o el PP barre la corrupción de su casa y elige dirigentes de honestidad acreditada e indiscutida o habrá que convenir que, por desgracia y efectivamente, hay un componente estructural corrupto en el PP de imposible erradicación.
Por ésta y otras causas hay, asimismo, una seria crisis de liderazgo que han agravado, con procedimientos impresentables en un partido democrático, tanto los dirigentes regionales como los dirigentes nacionales del PP. Desde la huida de Matas, el PP balear ha sido una sucesión de despropósitos a cual peor, comenzando por dirigentes que se entronizan en el poder de forma antidemocrática a través de una especie de cooptación endogámica que, encima e irresponsablemente, bendicen en la sede de la calle Génova. Cuando un partido vive la crisis de caballo que está viviendo el PP balear, las cosas se resuelven recurriendo a las fuentes originarias de cualquier partido democrático: la apelación a la militancia para que dirima los conflictos y decida. No hay otro sistema. Las victorias a la búlgara o los procedimientos al soviético estilo que, con delectación, practican los nada democráticos partidos políticos españoles, pueden ser inofensivas en tiempos de bonanza, pero resultan nefastas cuando un partido se enfrenta a graves patologías internas como las que está viviendo el PP balear. Está claro que la crisis de liderazgo la resuelven unas auténticas primarias con la participación de toda la militancia sin filtros de votos intermediados. Si no se hace así, una vez más y con especial gravedad, el PP balear habrá cerrado una crisis en falso. Y van
Last, but not least, lo peor de la crisis que vive el PP balear es la de principios y valores. Y es la más grave porque es la que ha provocado, por dos veces, la pérdida de unas elecciones ganadas y porque es la que, de verdad, está distanciando al electorado por obvias razones de una crisis de representación entre el partido y sus votantes. No se pueden ignorar sistemáticamente sondeos de opinión reiterados y concluyentes en sus resultados ni forzar al fiel electorado a pasar por las horcas caudinas de un voto útil que le plantea serios problemas de conciencia. Esto es lo que está explosionando, tanto en el interior del PP balear como en el ámbito del electorado.
En cuestiones muy sensibles para el votante del PP y que, además, afectan a las libertades que se supone defiende el PP, el comportamiento de dicho partido ha sido, sencillamente, intolerable. El que ha financiado el catalanismo ha sido el PP. El que ha legislado, expulsando de hecho el castellano de la enseñanza ha sido el PP. Y el que, encima, exporta el nefasto modelo del trilingüismo a Galicia es el PP balear. Esto significa que los responsables del PP no se creen los principios que proclaman, no se creen que los titulares de los derechos son los ciudadanos y no entes de razón. Y porque han demostrado con reiteración que ni creen ni defienden estas libertades insisten en modelos vergonzantes –como es el caso del trilingüismo– que obvia la gran cuestión de fondo y de principio: la libertad del ciudadano a escoger la lengua en cualquiera de sus proyecciones y ámbitos.
Ni que decir tiene que el dedo de Rajoy, si se manifiesta, no va a resolver ninguna de las tres grandes crisis que vive el PP balear, sino que, más bien, las agravará de forma probablemente irreversible. Ésta es la gran cuestión de la escenificación parlamentaria del PP nacional en Baleares.
Integran el Grupo Ramón Llull Miguel Nigorra Oliver (registrador de la propiedad), Rafael Gil Mendoza (notario), Sebastián Urbina Tortella (profesor de Filosofía del Derecho de la UIB), Joan Font Rosselló ( profesor de Electrónica Analógica de la UIB), Román Piña Homs (catedrático de Historia del Derecho de la UIB), Sebastián Jaume Muñoz-Maldonado (ingeniero agrónomo) y Antonio Alemany Dezcallar (periodista)
jueves 14 de enero de 2010
Catástrofe en Haití



