Los medios tienen la asombrosa capacidad de crear personajes donde antes había personas y disfrutan ejerciéndola. Cuando se aburren, como los buenos guionistas de Hollywood, los reciclan y reinventan. Un programa de TV caracterizó hace años a Esperanza Aguirre como una paleta, risueña y bisoña ministra de Cultura. Hoy nadie se creería a Aguirre en ese papel. Siendo presidente de la Comunidad Valenciana Eduardo Zaplana era adalid del ala centrista del PP pero cuando pasó a ser portavoz, primero en el Gobierno y luego en el Congreso, se le adjudicó un personaje de extrema derecha. Zapatero fue presentado como un líder moderado y tolerante. Diez años después los mismos medios le definen como extremista y radical sin haber modificado ni su discurso ni su acción política. Pero si hay hoy un personaje mediático por excelencia, omnipresente y generador de audiencias, ese es el de Sarah Palin. El papel que le ha tocado es el de ultraconservadora ignorante. Como es obvio, un personaje no surge de la nada sino que los mass media necesitan algo de tinta y colores para crearlo. Basta un tropiezo, un lapsus, un gesto. El personaje Sarah Palin se creó durante las últimas presidenciales sobre la base cierta de algunos tropiezos en materia de geografía y desde entonces constituye un rasgo de su perfil que eleva a titular lo anecdótico. Así, destacan los medios que Palin ha llamado "aliado" a Corea del Norte, a pesar de haber rectificado inmediatamente, cuando el verdadero aliado es la "Corea del Sur". Miren, no es que tenga quien escribe una simpatía especial ni por Sarah Palin ni por sus ideas, pero tampoco es que la mujer haya confundido Canadá con Siria y su deslíz en el "apellido" de la Corea mala es plenamente comprensible en una conversación activa y en una persona permanentemente presente y expuesta a los medios, otra cosa hubiese sido que la ex gobernadora hubiera apelado, como la ex Miss Universo Alicia Machado, a la paz entre "las dos Chinas", que no es el caso.