El portazo de Jaume Font y la creación de la Liga Regionalista es el último síntoma de la enfermedad que aqueja al PP balear desde su fundación, cuando se planteó abarcar un espacio que fuera de derecha a izquierda y del constitucionalismo al nacionalismo. O sea, todo. Cañellas, Matas y Estarás fueron modulando su discurso según el auditorio y las circunstancias hasta que al votantes se le inflaron las gónadas de tanto cachondeo. En los últimos años el elector balear ha experimentado un cambio excepcional. Ya en 1999 el votante popular prefirió un gobierno socialnazionalista que un PP travestido e incoherente, y después de aquel toque lo volvió a hacer en 2007. Hoy en día es dificil defender que el partido haya entendido la cuestión y las encuestas siguen dejando a los populares al borde de la mayoría absoluta o, lo que es lo mismo, en la oposición. Es cierto que José Ramón Bauzá ha emprendido un rumbo muchísimo más claro y nítido que sus antecesores en la alineación del partido en las doctrinas comunes al PP en toda España, pero también es cierto que este volantazo ha sido sobrevenido, que algún tiempo atrás se opuso a este rumbo y que altos cargos del partido siguen definiéndose a sí mismos en oposición al proyecto común y coherente en toda España.
Tras la marcha de Font, cabecilla nacionalista, distintos cargos del partido han salido en tromba a declararse más regionalistas aún si cabe, el propio secretario general fue el primero en hacerlo. Pero con ello no hacen más que ahondar en la herida del PP, cuyo electorado es a mucha honra españolista y balearista, como el valenciano es españolista y valencianista o el andaluz españolista y andalucista. El regionalismo balear, que no nos engañen es catalanismo y del excluyente, de ese que impide compaginar con el sentimiento español. ¿Insisten ustedes en su ramalazo nacionalista? Pues así les vaya. Cada vez es más mayoritaria la actitud de desconfianza ante un PP en el que solo merece credibilidad su Presidente, pero que se encuentra rodeado de cabecillas movidos por intereses personales que torpedearán su trabajo regenerador a la más mínima oportunidad. La idea de dejar al nuevo PP en cuarentena una legislatura, negándole el voto en 2011 para ver si se lo gana en 2015 aglutina cada vez más adeptos.
El Partido Popular ni es ni puede ser un partido regionalista, porque quien compra la marca PP, sea en Palma, en Bilbao o en Ciudad Real está comprando un conjunto de imagenes que no incluyen el regionalismo, y mucho menos el nacionalismo del que ha hecho gala el PP balear hasta ahora. Algunos que van de maquiavelo de aldea comentan que solo así, jugando a ser nacionalistas, se gobierna en Baleares... ¿no está el PP en la oposición? No hay más ciego que el que no quier ver, pero lo claro es que si no se abandona el nacionalismo en el PP balear, serán los votantes del PP los que abandonen el partido.
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