Como en cualquier animal, en el ser humano hay miedos innatos. Viejos fantasmas ancestrales que provocan pánico y atemorizan a naciones enteras. Más que cualquier enfermedad, la energía nuclear remueve los más elementales instintos de supervivencia cargados por definición de un fuerte componente irracional. Es irracional que la canciller alemana emprenda toda una acción política en torno a las centrales nucleares de Alemania como si el 12 de marzo estas fuesen menos seguras que dos días antes. Es irracional que Zapatero simule un tornado en Garoña o que en Francia se esten planteando qué hacer con todas sus centrales. Pero lo hacen porque las encuestas dicen que los ciudadanos tienen miedo en Tokio, en Freiburgo, en Pozuelo y en Marsella. Y sería humano que sintiéramos compasión, solidaridad y angustia por las gentes de Japón, pero no que dudásemos de nuestra seguridad a miles de kilómetros y en una región libre de terremotos devastadores. Es un miedo ancestral heredado y manifestado en individuos que no conocieron Hiroshima ni vivieron Chernobyl pero que parece estar grabado a fuego en nuestro adn, como las bestias temen al fuego. En la retina de cada neonato parece estar archivada la imagen de la seta nuclear como advertencia de nuestra propia extinción pero replantearse hoy la energía nuclear es volver miedosos a la caverna, es dejarse arrastrar por un impulso primario no racional. Parece que hayamos olvidado que hace una semana un terremoto de 8.9 grados sacudió literalmente Japón, al que sucedió multiples réplicas devastadoras y un tsunami que arrasó ciudades enteras. El problema no reside pues en la central nuclear de Garoña sino en un fénomeno de la naturaleza que no se puede dar en Europa a no ser, claro está, que se cumpla la profecía del pintoresco Eurocomisario de Energía y sus cantos apocalípticos, que esa es otra. Lo que no puede ningún gobernante es sembrar el pánico de la misma manera que un médico no puede aterrorizar a su paciente, pero cualquiera diría que hay quienes aprovechan la catástrofe para acaparar flashes, notoriedad y titulares. Porque ahí también estamos. No se trata de dar la razón a Francia o a Japón, pero cualquier ciudadano de a pie, sin conocimientos de física o energía nuclear, ha podido oler a millas la sed de amarillismo en unos medios de comunicación que encadenaron una tragedia tras otra como si se tratara de una narración épica, hasta el punto de denotar cierta impaciencia al ver que la central de Fukushima no llegaba a petar. Y aquí enlazamos directamente con el principio del argumento y del post, ese miedo irracional y primigenio que los medios de comunicación están agitando (vende más el miedo que la calma) empujando a nuestros gobernantes a gestos que saben inútiles y de cara a la galería con el único propósito de apaciguar a una población angustiada víctima de una escalada de tensión propiciada por esos periódicos que buscan una catástrofe más gorda que la anterior. A estas alturas, pocos se acuerdan de los terremotos y tsunamis de la semana pasada.

1 comentarios:
Ojeando el blog de LAS RECETAS DE SARA volví a dar con tu blog y ya ves, aquí estoy echándole una ojeada.
Poco a poco vamos conociéndonos en este mundillo de los blogs.
Me alegra haberte descubierto una vez mas
un saludo
CUATRO ESPECIAS
PD. Si puedes,pásate por mi blog y lee la entrada de 22 de febrero, en ella pido ayuda, y si puedes dárme alguna, bien venida sea.
De todas formas gracias por adelantado.
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