Quién nos lo iba a decir. Quién se lo iba a decir a los dirigentes políticos. Una turba descontrolada de anónimos sin ánimo de dejar de serlo han reventado la campaña y eclipsado a candidatos locales, regionales y nacionales. Lo reconozco, me gusta, o como se dice ahora, I like it.
Una marea que viene de lejos
En los últimos tiempos se ha hecho patente la necesidad de romper con el orden partiticrático. Una marea subterránea que sin embargo dejaba alguna huella en la superficie que rápidamente era tapada con hormigón por los promotores del 'orden establecido'. Un orden sensiblemente mejorable. La democratización de los partidos políticos, una ley electoral más justa y proporcionada y listas abiertas son exigencias que han terminado por calar en el electorado independientemente de la ideología y simpatías políticas. El nacimiento de partidos como Ciudadanos y el discurso de partidos como UPyD se han basado en ese descontento que supieron aprovechar en su momento lanzando propuestas que en nuestro país sonaban a revolución, como lo es plantear por primera vez la devolución de competencias al estado, la instauración de primarias y la defensa de las listas abiertas. Todos nos olíamos que algo estaba cambiando... mientras PP y PSOE se enrocaban.
Una marea de izquierdas
Qué duda cabe, el Movimiento 15-M nace en la izquierda por razones obvias. Estos indignados, estos jóvenes decepcionados votaban hasta hace dos días a PSOE e IU, partidos que llevan siete años dándoles palos y tomándoles el pelo. Es la frustación del huérfano, del apátrida, del traicionado. Es el movimiento de los desheredados que se han quedado sin siglas, una ruptura en el seno de la izquierda. Grupo de votantes altamente ideologizados que se topan de la noche a la mañana con la realidad de un mundo en el que el dinero, al fín y al cabo, sí es importante, y aquellos líderes a los que jaleaban ayer hoy les condenan al desempleo perpétuo y la miseria económica. Por ello resultan patéticos los intentos de socialistas y comunistas por captar a esta masa rebelde. Parecen no entender que esos miles de ciudadanos han acampado en Sol porque las sedes del PSOE e IU ya no son su casa. El origen del Movimiento 15-M es por lo tanto la frustación de los votantes de izquierdas contra su clase política contra la que ahora claman, una batalla interna en la izquierda, contra la izquierda. Los primeros pasos de los indignados fueron inciertos, nadie sabía exactamente qué pedían, cuáles eran sus reclamaciones, pero daba igual porque todos entendíamos que con un 43% de paro juvenil made in PSOE sobraban los motivos para echarse a la calle. Pero el Movimiento 15-M se ha ido definiendo poco a poco, con aportaciones y reclamaciones concretas no ya solo de esa masa de izquierdas decepcionada con PSOE e IU sino con esas ideas mucho más amplias y generales, casí hegemónicas con las que machaca el CIS barómetro tras barómetro, sondeo tras sondeo: la desafección generalizada entre votantes y políticos. Así, agarrándose a esas exigencias casi unánimes, los indignados de la Puerta del Sol piden cosas que pedimos todos. Sin embargo no debemos pasar por alto un hecho fundamental: mientras los indignados de izquierdas se niegan a votar, los indignados liberales y de derechas consideran un mal menor votar al Partido Popular, pero que tomen nota en Génova, el movimiento prendió en sus bases, y una vez se cumpla el objetivo prioritario de mandar al PSOE a la oposición, los votantes y militantes del PP serán, extremadamente críticos y exigentes, pues también en esta orilla queremos listas abiertas, democratización de los partidos y una ley electoral más justa entre otras reformas.
Una marea que ha sabido venderse
Promueven en algunas tertulias que este Movimiento ha sido diseñado en Férraz. Yo lo dudo. No hay partido más perjudicado que el PSOE. El Partido Popular ya tiene coraza después de años de acoso y derribo, pero la piel de los socialistas es muy fina y sensible, y no hay nada que más les duela que el verse metidos en el saco en el que ellos metieron al PP hace ya muchos años. Estos jóvenes que se plantan el Sol y reciben palos de la policía de Rubalcaba son los mismos que en 2004 pedían a Zapatero que no les fallase. Comparan algunos este movimiento con el que sucedió a los atentados del 11-M o a la Guerra de Irak. Nada más lejos de la realidad. Aquellos fueron movimientos igualmente de izquierdas pero marcadamente violentos. Posiblemente estos que ahora se sientan en Sol fuesen los mismos, o los hermanos pequeños, de quienes asaltaban sedes y agredían físicamente a militantes del PP, pero ahora, como van contra la izquierda, se guardan las piedras y los palos. Si se manifiestan ahora y no el 12 de mayo de 2010, cuando ZP dinamitó la política social y metió el mayor tijeretazo de nuestra historia, o el día que sobrepasamos los 5 millones de parados, o el día que nos apretaron aún más la soga de los impuestos es porque nunca habrían logrado la repercusión mediática que da una víspera electoral. Lo saben todos. Lo saben los partidos, lo saben los terroristas y lo saben los
ciudadanos.
El Movimiento 15-M rompe además la estrategia del PSOE llevando la campaña no solo a temas nacionales sino a los asuntos que más escuecen en Ferraz. Aquella foto exhibida en Sol de Zapatero dándole la mano a Botín hizo saltar por los aires toda la campaña socialista.
¿Y que pasará ahora?
Que el Movimiento 15-M se cobrará lo que el PSOE le debe pero poco más. El próximo lunes Barreda o Cospedal coparán los titulares de los principales periódicos y el movimiento se apartará del foco. Pero esa marea subterránea ya ha emergido, ya no es un movimiento de izquierdas y si sus reclamaciones no son atendidas volverán en 10 meses con más fuerza. Solo entonces sabremos si estamos ante ese estallido social del que nos hablaban desde hace tanto tiempo pero en cualquier caso, o los partidos cambian, o los cambiamos.

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