El Partido Socialista emprendió tras perder la Xunta de Galicia una serie de catastróficos traspiés que les lleva a este 22 de mayo como a la protagonista del famoso video sobre cómo hacerse quince esguinces en diez segundos. La Factoría Pepiño estaba sobrevalorada. Es fácil vender humo cuando los bolsillos de los contribuyentes están llenos, lo meritorio es seguir vendiendo cuando los potenciales compradores están tiesos. En las pocas horas que llevamos de campaña oficial, el partido socialista ya ha dejado patente que no está entendiendo la campaña, lógico en quien hace mucho tiempo que dejó de entender al país y a la gente. Plantean los del PSOE una clara disyuntiva: la campaña socialista es sincera porque se centra, literalmente, en las calles de cada pueblo. Dicen que eso es lo que a la gente le importa, los servicios municipales. Por contra, el PP es deshonesto al poner sobre la mesa un discurso nacional que gira sobre asuntos que a la gente ni le va ni le viene como el desempleo. Esa es la disyuntiva: campaña local versus campaña nacional. Pero lo que pasa es que el partido socialista, como viene siendo costumbre, no se entera de nada. No se enteran de que a los ciudadanos, insiste una y otra vez el CIS, les importa un pepino las competencias de los municipios, los servicios locales o el estado de la acera de su calle cuando padecemos una tasa de paro tercermundista, asunto este sí, por cierto, que supone la principal preocupación de los españoles. Y segundo, no se enteran estos socialistas que el paro no es un asunto de escala nacional, no. Es muchísimo más local que la propia campaña de Pepiño, es un problema familiar, personal.
La campaña del PP se centra en las personas, en lo que más les preocupa independientemente de la escala a la que se vote, pues los problemas de los españoles son los mismos tengamos que votar a un alcalde o a un presidente. El PSOE, por su parte, sitúa sin orden ni acierto los mensajes, no encuentra su sitio en la campaña, falla en sus intentos de posicionar al adversario donde más les conviene y trata de desmontar en tiempo récord verdades ya asumidas. ¿De verdad cree Rubalcaba que en dos semanas va a poder desmontar la imagen centrista de Rajoy acuñada a fuego desde 2008? Si en el PSOE hubiese alguien cuerdo propondría una férrea defensa, mantener las posiciones y evitar malgastar energías, tiempo y recursos en batallas argumentales perdidas de antemano... pero el problema no es del PSOE, sino de los españoles, gobernados por un partido que no sabe por dónde le da el aire.
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