El 15-M, como ente, sujeto, ha hablado. Dice que condena los brotes de violencia que se han sucedido en distintos puntos de España a manos de sus simpatizantes y militantes. Dicen que no pueden impedir que se les cuelen violentos. ¡Vaya por Dios! Qué mala suerte tienen estos chicos que siempre se les cuelan violentos, ya sea manifestándose por la independencia en Barcelona, contra la guerra (de Irak, que las demás son buenas) en Madrid o contra las autopistas en Ibiza. He perdido la cuenta, ya no me acuerdo en cuántas manifestaciones he estado, en cuántas protestas y cuántos actos multitudinarios de caracter político, y nunca, nunca, nunca, han acabado a palos. Lo decía ayer, hay una tendencia intrínsica a la violencia en la izquierda. Se podrá reprimir, se podrá tapar, pero a la mínima explota. El 15-M, el ente, el sujeto, se desmarca porque se sabe herido de muerte, suicidado, y aunque no pueda evitar que se le cuelen violentos lo que sí puede evitar es dar combustible durante semanas a los pirómanos.
Los indignados pasaron de exigir una Democracia Real, perfeccionada, a acosar a los legítimos representantes del pueblo (menos a los de Bildu). Pasaron de ser un revulsivo a ser un agente reactivo, cuyo caracter totalitarista hemos visto a las claras. Durante más de un mes han machacado una y otra vez contra los políticos en general, contra la clase política, contra la democracia... quienes llegamos a simpatizar con este movimiento en sus primeros pasos hemos asistido atónitos a una evolución (involución) hacia las formas más duras del totalitarismo. Acosar a la familia del alcalde en plena calle en defensa del supuesto derecho a escuchar música en la plaza es vomitivo. Agredir a los diputados e impedirles ejercer sus funciones democráticas es espeluznante. Y robarle el perro a un ciego es... bueno, su modelo de civismo resumido en el acontecimiento. No pueden impedir a los violentos actuar con violencia, pero es el discurso de los indignados el que da combustible a esos totalitarios, como el árbol y las nueces de Arzallus, les legitima, les calienta, les empuja... pues que sepan que delante tienen al pueblo, indignado con los indignados y en defensa de la Democracia.

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