El candidato parece un fantasma, una imagen del pasado más
lejano. Cada una de sus marcadas arrugas
es una entrada en su currículum. Una por el Gal, otra por los fondos
reservados, otra por Roldán, otra por Filesa, otra por el 11-M, otra por Sitel,
otra por Faisán… ¿A quien se le ha
ocurrido la brillante idea de recurrir al blanco y negro? En vez de un proyecto
de futuro, el cartel del socialista bien parece un obituario. Y ¿no quería el candidato ser conocido comoAlfredo para romper amarres con el todopoderoso Rubalcaba? Pues ahí bien
grande, bien clarito, y con fuentes clasiconas aparece escrito RUBALCABA ¿De
verdad buscan acercarse al 15-M con esta imagen más propia de un homenaje póstumo
a un congresista estadounidense?. Para colmo, el único signo de humanidad que
presenta el cartel, la sonrisa del Vicepresidente, está tapada por un puño. Existen dudas sobre la identidad de su propietario... ¿Es Rubalcaba tratando de ocultar una sonrisa malévola
o es algún otro que no entiende de qué se ríe el candidato con 5 millones de
parados a sus espaldas? En cualquier caso, todo pinta que para el socialista la próxima
cita con las urnas será un ZAS! en toda la boca.
Esta imagen tan poco favorecedora nos trae a la memoria otro error
garrafal de la factoría socialista, el famoso video de presentación de la candidatura de Trinidad Jiménez a las primarias socialistas en Madrid. Entonces
la candidata a candidata parecía una gótica paseando por un
cementerio y apoyándose en las lápidas
para terminar soltando un discurso artificial e infantil frente a dos ramas de
un árbol que la convertían en una conejita escalofriante.
Nunca
antes los socialistas habían recurrido al discurso del miedo de forma tan
notoria.
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