domingo, 14 de agosto de 2011

Las listas



¿Y cuando ordenarán que se abran las listas? Barómetro tras barómetro, encuesta tras encuesta, los ciudadanos insisten: la clase política es más un problema que una solución. Pero ellos sigue, erre que erre. Las listas en este país no son cerradas, están blindadas. Los partidos presentan una lista ordenada y los votos se los van llevando los que más arriba están. Así, se castiga a los que disienten y se premia quienes desarrollan más relaciones internas. La ventaja de este sistema es que son los partidos los que se apuñalan entre sí y no los candidatos dentro de una misma candidatura. Pero esa ventaja es a su vez un inconveniente para el desarrollo de un debate vivo que enriquecería sin duda la campaña y la democracia.

Las listas en Suiza son más que abiertas, libres. Los votantes pueden hacer casi cualquier cosa con las listas no ordenadas que presentan los partidos. Si una circunscripción tiene 34 representantes, los partidos presentan 34 candidatos sin jerarquía alguna. Los electores pueden entonces repartir esos 34 votos como quieran, votando a todos los candidatos de un mismo partido o repartiendo sus votos entre distintos candidatos de distintos partidos. Pero no solo eso, sino que el elector tiene la opción de dar más de un voto al mismo candidato. Finlandia presenta a todos los candidatos, de todos los partidos, en una sola lista. Los candidatos, en esa lista conjunta, prescinden de toda identificación partidista y solo se muestra su nombre, educación, municipio de residencia y profesión, junto a un número identificativo. Los electores, el día de las elecciones, solo tiene que escribir el número identificativo del candidato al que quiere votar.

Como vemos las alternativas son muchísimas y van desde la libertad extrema a la apertura de las listas. Aquí nos conformaríamos, de momento, con que los votantes pudieramos ordenar a nuestro antojo las listas que los partidos nos presentan sin tener que tragarnos los sapos que las ejecutivas nos obligan a tragarnos en cada convocatoria. Perdería peso la actividad partidista del candidato, sus relaciones con los jefes y ganaría importancia su actividad pública y su relación con los electores. La única razón objetiva para que esto aún no se produzca es que, obviamente, quienes tienen que decidir sobre esto, las cúpulas partidistas, prefieren seguir siendo objeto de peloteo en vez de ceder ese 'privilegio' a los votantes. Y aún se escandalizan con las cifras de abstención... Tiempo al tiempo.

1 comentarios:

Tío Chinto de Couzadoiro dijo...

Estamos muy lejos, lejísimos, de una auténtica democracia. Y, en lugar de fijarnos, para mejorarla, en el sistema electoral de una nación como Finlandia, seguimos anclados en nuestras pobres maneras de elegir a nuestros políticos.