Se destapa el escándalo. El gran inquisidor Blanco es señalado por un empresario que le acusa de haber recibido un dineral a cambio de favores del Gobierno socialista. Blanco, que disfrutó con el Gurtel más que un cochino en una pocilga, se ve condenado por sus propias palabras. Él, que puso en solfa la presunción de inocencia entonces y por cuatro trajes, se ve embadurnado por una trama de cientos de miles de euros... Si debe dimitir inmediatamente no es por motivos legales ni mediáticos, sino por coherencia con sus propias palabras y con el listón que impuso a otros.
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