Estaba cantado, nadie se podía creer a Rubalcaba cuando prometía una oposición útil, responsable y constructiva. Habiendo perdido la mayoría de las principales alcaldías, casi todas las comunidades autónomas y con escasos 110 diputados el PSOE tiene muy poca fuerzas, y menos ganas, para hacer oposición en las instituciones. Ellos prefieren la calle, los gritos, el jaleo. El conflicto de Valencia, que comenzó como una legítima manifestación de estudiantes, una más de tantas, esta siendo descaradamente instrumentalizado por socialistas, violentos y viceversa. Con el Partido Socialista en estado ruinoso y los sindicatos deslegitimados, nos encontramos con el votante de izquierdas dividido en dos grupos. Por un lado los moderados, decepcionados con el PSOE y con los sindicatos, entienden la responsabilidad de estos en la crisis que atravesamos y ni votan al PSOE ni se ponen detrás de un sindicalista multimillonario. Su prioridad es encontrar un trabajo. Por otro, la izquierda más radical. Aquí se juntan, curiosamente, quienes reniegan del PSOE y de los sindicatos (indignados), quienes militan activamente en este partido (rabiosos por el derrumbe del partido) y los liberados sindicales (desesperados por mantener sus rolex). Este grupo sabe que no tiene nada que hacer en las instituciones así que solo les queda hacer ruido en la calle. El PSOE, cargado de rencor y revanchismo, entiende exactamente lo mismo: su papel en las instituciones es irrelevante, pero en vez de optar por una oposición útil y constructiva, como prometió Rubalcaba, ven más fácil tirar por la calle de enmedio y montar algaradas… pero estos impulsos pueden tener consecuencias dramáticas para el PSOE.
Efecto boomerang
El PP está tranquilo. ¿Que son 400.000 manifestantes frente a 11 millones que votaron al PP hace unos meses? Por delante le quedan aún cuatro años de gobierno, Andalucía está a punto de caer en su saco y no ha recibido más que aplausos por sus primeras medidas. Las encuestas más recientes (El Pais y La Razón) coinciden en que a día de hoy, tras las primeras medidas, el PP ampliaría su mayoría absoluta y el PSOE se hundiría hasta rozar el dramatico 20% de los votos. El mensaje es clarisimo: “El PSOE no ha tocado fondo”. En este sentido, un PSOE instalado en la radicalidad y al lado de los violentos solo puede acentuar esta tendencia. Los socialistas parecen no haber entendido que esta España no es la de 2003, la gente sabe perfectísimamente que ellos son los responsables del drama que viven millones de familias, que las durísimas medidas que se están tomando tienen por objeto tapar los agujeros que ellos abrieron. La gente no quiere ver a un PSOE callejero liderando de forma hipócrita manifestaciones, no se lo perdonarían. Lo que los españoles esperan del PSOE es la responsabilidad que les faltó en el Gobierno, cualquier signo de irresponsabilidad, oportunismo o violencia será duramente castigado por el electorado, otra vez. Y es que la estrategia del PSOE es extraordinariamente arriesgada: no están liderando un movimiento, no pueden hacerlo, están colándose en unas protestas espontáneas que pueden acabar de cualquier forma, con escaparates rotos, con agresiones, con contenedores quemados, destrozos y más violencia. Lo ultimo que necesita el PSOE es ver como le detienen a un concejal, un diputado o un jefecillo del partido acusado de violento. Ya le detuvieron a unos cuantos en 2003, pero ahora sus efectos serían como una bomba sobre sus posibilidades de recuperación. No solo hunden el pais sino que lo incendian. La imagen del puño y la rosa hecha trizas.
El PSOE intenta con esta peligrosa estrategia captar a ese electorado radical y callejero. A sus militantes ya les tiene, a los liberados también. Ya los tenían el 20-N, no es nada nuevo. Pero aspira a conquistar a los indignados mientras se aleja cada vez más de ese otro sector, el de los moderados capaces de discerner y criticar los errores de ZP y Rubalcaba, los desencantados a quienes la violencia callejera provoca repulsa. Esos no van a volver al PSOE porque sostengan pancartas y cambien el Parlamento por los gritos y los escaparates rotos. Mientras más tiempo pasen desenganchados del PSOE, más le costara al partido reconquistarlos. En esta disyuntiva entre convencer a los radicales o a los moderados, Rubalcaba a optado por lo primero. La izquierda moderada, por su parte, empieza a sentirse atraída por otras opciones más responsables, coherentes y serias. Ahí está UPyD lista para recibirles.